De Pablo Iglesias no sé casi nada.
Cuando llegué al sindicato nadie me habló de Pablo, pero sin duda, nunca han dejado de hablarme de sus pensamientos, de sus ideas. Estaban colgadas, y siguen estando, por los despachos, por los pasillos, por las escaleras…Sus palabras trepaban y trepan por las paredes dibujando un camino de letras que te podían llevar y te llevan a construir cualquier palabra. Me parecía y me sigue pareciendo que desde su escritura lo observa todo. A veces, si pegas el pecho a la pared, puedes escuchar el movimiento de tu corazón al ritmo de sus frases. Otras veces, si te descuidas y dejas de lado algo que tiene importancia, o te olvidas de dar respuesta a la angustia de algún trabajador, puedes comprobar que de la pared se han caído algunas letras. El otro día andaba cansado y pensando en mis cosas, preocupado por mis asuntos me olvidé de llamar a un compañero que necesitaba de una voz animosa, del principio del salto, de un trasvase de energía que aliviara el peso del mundo que cobijaba en su espalda. Puedo asegurarles que cuando volví a las paredes faltaban todas las aes que había escrito Pablo Iglesias…Las busqué por debajo de las mesas, entre los papeles, dentro de un convenio colectivo que había sido muy ventajoso para los trabajadores del hierro, pero allí no estaban. Desesperado por aquella pérdida sentí el inmenso vacío que provoca la ausencia de la primera letra del alfabeto. Comprendí enseguida que sin ella nunca iba a poder nombrar todas las cosas… Cuando la angustia empezaba a habitar todo mi espacio recibí una llamada, era la voz del compañero que había olvidado, era la voz que devolvía todas las aes a las paredes de mi memoria.

De Pablo Iglesias no sé casi nada. Me han contado que murió el 9 de diciembre de 1925, pero yo sé que no es cierto.
Me encontré con él hace menos de un año. Desde un asiento desprovisto de fama y lleno de obligaciones, un hombre le recordaba a la audiencia la importancia de seguir luchando por defender los derechos de los trabajadores, la necesidad de acercarnos al trabajo de las manos inmigrantes, la obligación de exigir que haya igualdad para todos, que se borren las diferencias laborales entre hombres y mujeres.
También le sentí hace unos meses, era un compañero de esos que en lugar de un reloj en la muñeca se apuntan las cosas que todavía se pueden hacer ese día. Le preguntaron si le valía la pena tantas horas dedicadas sin haber obtenido los resultados electorales esperados. Y él contestó: ¡tengo sólo treinta afiliados, pero los treinta están contentos!
Ayer volví a verle, en la reunión de los responsables del Departamento de Juventud de la Unión General de Trabajadores. Era una muchacha de rubios pensamientos y manos que volaban. Le pedía a sus alrededores que teníamos que hacer todavía muchas cosas y que teníamos que conseguir que los dirigentes de la UGT contaran con nosotros, que nos tuvieran en cuenta, que comprendieran que sin los jóvenes el mañana se iba a quedar sin su ahora.
A veces, cuando menos te lo esperas, en el lugar más extraño, a la hora menos señalada, aparece. Es moreno, rubia y con pelo cano; de ojos oscuros y mirada clara. Ha nacido en el norte, viene del sur y le importa tanto este como oeste. Viaja en tren, en avión, en cayuco y en los brazos de la gente. Habla de ti, de ellos, de las personas; habla de solidaridad, de honestidad, de igualdades. Tiene la voz tierna, arrugada y alegre. Es un joven enano de setenta y cinco años y un viejo gigante de veintitantos, y siempre se llama…Pablo.

De él conservamos su palabra, pero tenemos la suerte de tener también el ejemplo de su vida. Ahora que las creencias están en peligro de extinción aún hay jóvenes que siguen creyendo, igual que sus mayores, en Pablo.
Uno de los principios de Pablo Iglesias fue siempre que el Pensamiento es igual a la acción multiplicada por dos veces las ganas del alma. Que para vencer teníamos que estar unidos y organizados. Que no nos podíamos cansar de luchar nunca. Gracias, Pablo, porque al final nos salvarán tus principios.
De Pablo Iglesias sigo sin saber casi nada, tal vez sea porque es imposible llegar a conocer lo que nunca termina.
Ojalá nuestros mayores nunca te olviden y los jóvenes siempre aprendamos a imaginarte.
Gracias por todo ‘Abuelo’.
Fdo. Tus bisnietos, la Juventud Trabajadora.
Gonzalo Póveda Ariza
Responsable Departamento de la Juventud FETE-UGT
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Eso es idealismo, si señor, ojala la gente siguiera este pensamiento, otro gallo cantaría.
gonzalo, leí este artículo hace unos años, me gustó y ahora lo he vuelto a leer y sigo pensando lo mismo. un abrazo compañero.